Viva México

Un voluntariado de “Pura Vida”

Era octubre del 2016 y yo estaba un poco perdida, no sabía qué hacer con mi vida, sentía que me faltaba algo y entonces me anime a aplicar para un voluntariado de AIESEC. Esto era algo que estaba posponiendo desde hace tiempo y decidí hacerlo sin importar que esto significara que tenía que renunciar a mi trabajo, pero ¿sabes?, fue la mejor decisión que pude haber tomado.

En diciembre de ese mismo año inició la aventura, el día tres exactamente, estaba en el aeropuerto de la ciudad de México, ansiosa por tomar mi vuelo a Costa Rica. Este país me abrió las puertas seis semanas en las que viví la mejor experiencia de mi vida.

Mi voluntariado lo realicé en un proyecto llamado Plantisan. Todas las mañanas tomaba un autobús con mis compañeros a la comunidad de Coralillo que estaba a una hora de Cartago, la ciudad donde vivíamos. Este camino de una hora era increíble: no importaba el lado que te tocara de la ventana, porque a donde vieras era verde, lleno de vegetación, un paisaje que parecía de película y que tuve la oportunidad de ver seis semanas.

En Coralillo, Doña Zeidy una señora que vive en conjunto con cuatro mujeres más decidieron emprender un negocio de plantas medicinales al que llamaron Plantisan. Ahí fue donde realicé el proyecto de voluntariado. Ayudábamos en las labores diarias del invernadero: regar las plantas, trasplantar, llevarlas al secador y empacarlas para su venta.

Esto no fue todo, porque doña Zeidy nos abrió las puertas de su familia. Fue increíble conocer a todos los miembros, personas hospitalarias y llenas de vida. Así que no solo era ir a trabajar, sino era ir a aprender de una cultura, a cocinar comida típica, platicar de nuestros países y enseñarles cada uno de los voluntarios de nuestras costumbres.

Pero nada hubiera sido tan perfecto sino hubiera tenido a una familia “tica” tan increíble, una familia que me abrió las puertas y me hospedó esas seis semanas. La señora Gabriela, su esposo, sus dos hijas y Keneth, que era un chico de AIESEC que vivía ahí mientras estudiaba. Ellos fueron increíbles conmigo,  no estoy acostumbrada a vivir con mucha gente y esas seis semanas viví con cinco personas en una casa, pero la verdad fue una experiencia muy linda.

Y que puedo decir de los amigos que hice en ese tiempo, las tres personas con las que conviví en el proyecto: Brasil, Argentina y México unidos por estas semanas que a pesar de tener costumbres diferentes se volvieron mi familia. No pueden faltar esos seres tan increíbles que conocí un día caminando por las calles de Cartago, que al igual que yo, eran voluntarios, pero de otros proyectos. Ese día se creó un grupo de verdaderos amigos, un grupo que los fines de semana se iba de viaje, después de sus proyectos se iban a caminar, que pasaron aventuras increíbles y que ahora extraño demasiado.

Este viaje me ayudó a quitarme prejuicios, a dejar de juzgar antes de conocer y es aquí donde quiero contar que antes de irme pensaba que los argentinos eran personas creídas y que jamás me llevaría con alguien de ese país. Me equivoqué demasiado: porque Peperina, una chica argentina, se volvió mi mejor amiga, una amiga entrañable, una amiga que extraño y con la que hablo casi todos los días. Pero también Eliana, mi compañera de proyecto, que también es argentina, se volvió una gran amiga de la que, las últimas semanas, me volví muy unida. Sin dudarlo, ahora Argentina es de los países que muero por conocer, por ello estoy ahorrando para poder visitar a mis amigas.

Jamás voy a olvidar que pasé el mejor fin de año de mi vida, ese 31 de diciembre en la playa, con todos los voluntarios. Fue un viaje increíble, inmemorable y lleno de aventuras. Nunca olvidaré cuando marcaron las doce y todos corrimos a la playa y empezamos a gritar: “¡2017!”, fue un increíble inicio de año en un paraíso, rodeada de los mejores compañeros de aventuras.

El 19 de enero fue un día muy triste, jamás pensé llorar tanto. Era el último día del proyecto y estuvimos conviviendo con la familia de doña Zeidy. Cuando tocó la hora de decir adiós, me quede paralizada, no podía creer que sería el último día que vería a esa increíble familia.

Me había encariñado mucho con Sarely la sobrina de doña Zeidy. Cuando abracé a esa niña hermosa de dos años que se había robado mi corazón, no pare de llorar. Algo que nunca olvidaré es cuando Ángel, Eliana y yo íbamos subiendo la colina porque perdimos el bus. Eliana volteó a verme y yo no paraba de llorar y ella se empezó a reír. Fue así como se calmó la situación y empezamos a reír los tres mientras caminábamos.

Ese mismo día fue el último día que vi a muchos de los voluntarios. AIESEC nos hizo un evento en el cual nos dio nuestros diplomas. Fue un día muy emotivo, cuando nos tocó hablar de nuestra experiencia yo empecé a llorar de nuevo al ver que sería el último día que vería a muchos de ellos, abrace a Peperina y las dos no parábamos de llorar.

Todas esas despedidas que empezaban a llegar una tras otra eran tristes, pero a la vez sabía que ahora tenía un motivo para viajar y volver a ver a cada uno de ellos. Porque ahora Brasil, México, Argentina, Chile, Costa Rica y Puerto Rico estarían unidos siempre sin importar los kilómetros de distancia.

Porque ahora entiendo la frase “Pura Vida”, que no solo es el slogan de Costa Rica, sino es una frase que representa un país lleno de vida y de personas demasiado felices. Un país increíble donde viví las mejores seis semanas, donde me volví parte de una familia increíble, donde hice los mejores amigos que jamás pensé conocer, donde viví una experiencia de voluntariado lleno de aprendizajes y de crecimiento personal. Gracias a esta experiencia ahora creo en mí, sé que quiero de mi vida y creo firmemente que los sueños son posibles.

Ahora estoy aquí de nuevo en Mérida, continuando con mi vida como siempre, pero las cosas no son iguales, ahora me siento distinta. Cada que veo las fotos, que hablo con todos por WhatsApp, cada que escucho la canción Reggaetón Lento no puedo evitar recordar todos los momentos con esas personas que ahora son mi familia y que me enseñaron muchísimas cosas.

By Xiana Entenza Escobedo, from Merida, Mexico

Cecilia Cuautle

Cecilia Cuautle

Chief Editor at AIESEC en México
Soy periodista, me considero dreamer y maker. Amo viajar y conocer personas, me encanta probar cosas distintas, hacen la vida interesante.
Amo escribir y disfruto demasiado leer.
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