Viva México

HOW A VOLUNTEERING EXPERIENCE CHANGED MY LIFE

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No matter where we go, people, countries, their societies and functioning are not and will never be perfect. Working on these imperfections, trying to make the world a better place is a beautiful process.

By Zuzanna Szwedo from Poland.

As an International Relations student, I have always been interested in other cultures and travelling, and never been afraid of new experiences.

When it has been officially decided that I will spend almost two months in Chihuahua, Mexico, teaching French at the university within the framework of a volunteer project, I never imagined how this trip would change my life.

First of all, I was welcomed in the friendliest way possible, and this by either AIESEC members or simply local inhabitants of the city.

As a person who travels a lot, I can tell that, culturally speaking, Mexicans are very open, bubbly and warm. To be honest, it has never been that easy for me to socialize in my entire life and make new friends.

This welcoming environment perfectly matches my personality of a person who loves meeting new people and going out, therefore I savored every single conversation with someone I just met and the friends I made. This has clearly something to do with their outgoing and celebrating culture!

The student becomes the teacher

At the beginning, I was clearly nervous about the idea of teaching to a group of students for the first time. But right after the first class I felt excited about starting the project and looking forward for the next meetings with my students.

Because there was such a positive energy present in the classroom, I stopped feeling stressed within a few minutes, and everything went well. I perceived teaching as creating a dialogue between my students and me, with mutual respect and gratefulness, leading to motivation and fast improvement on both sides.

With time I improved my teaching skills, tried different pedagogical ways to relay my knowledge to others. It means way more than just teaching French. I learned more about myself, built self-confidence and self-esteem. Within less than a month and a half, we covered way more chapters than I expected.  We even managed to work on oral comprehension, listen to recordings and dialogues in French, taking into account the fact that my students did not know anything about this language before.

This was a huge satisfaction and accomplishment for everyone

I was honestly lucky to have an amazing host family and live in good conditions, with my own bedroom, intimacy and freedom. This really depends of the family and the trainee, but I personally had a very good relationship with them and they treated me like one of their own.

It is a very specific experience to be hosted by a family, being in their home, a very intimate space, witness their everyday life, and share everything. The most interesting part was to discuss and face our cultural differences.

People can learn so much from each other and this is incredibly enriching. This was a voluntary experience for them as well, therefore everybody is gaining knowledge and beautiful memories. Cooking Mexican dishes, practicing Spanish, and all these little things we’ve been doing together are priceless moments I will always be thankful for.

The most essential point is that no matter where we go, people, countries, their societies and functioning are not and will never be perfect. Working on these imperfections, trying to make the world a better place is a beautiful process.

Thus witnessing hardships which people are going through, being aware of the challenges a corrupted government is facing, all of these motivate young people and future leaders to change the current situation.

And while doing it, we meet beautiful souls, full of hope and love. I will never forget the love I received from Mexicans. The succulent montados I ate by the thousands.

The laughs I had with my students. And the good times with my AIESEC friends.

The mesmerizing landscapes seen through the car windows. I simply live for moments like this.

And I will certainly come back.

Cómo una experiencia de voluntariado cambió mi vida

No importa a dónde vayamos, la gente, los países, sus sociedades y las maneras en que funcionan no son ni serán perfectas. Trabajar sobre estas imperfecciones e intentar hacer del mundo un lugar mejor es un bello proceso.
Por Zuzanna Szwedo de Polonia

Como estudiante de relaciones internacionales, siempre he estado interesada en otras culturas y viajar, y nunca he tenido miedo de vivir nuevas experiencias

Cuando oficialmente se decidió que pasaría casi dos meses en Chihuahua, México, enseñando francés en una universidad dentro del marco de un proyecto de voluntariado, nunca imaginé cómo este viaje cambiaría mi vida.
En primer lugar, me dieron la bienvenida de la manera más amigable posible, tanto por parte de los mismos miembros de AIESEC como por los simples habitantes locales de la ciudad.
Al ser una persona que viaja mucho, puedo decir, culturalmente hablando, que los mexicanos son muy abiertos, amigables y cálidos. Honestamente, nunca antes en mi vida había sido tan fácil para mí socializar y hacer nuevos amigos.
Este ambiente de bienvenida va perfectamente con mi personalidad de alguien que adora salir y conocer nuevas personas, por eso aprecié cada conversación con alguien que acababa de conocer y con los amigos que hacía. ¡Esto claramente está relacionado con su cultura extrovertida y de celebración!
El estudiante se convierte en el maestro
Al principio estaba claramente nerviosa respecto a la idea de enseñar a un grupo de estudiantes por primera vez. Pero justo después de la primera clase me sentí emocionada por iniciar el proyecto y esperaba con ansias los siguientes encuentros con mis estudiantes.
Ya que había un ambiente sumamente positivo en el salón de clase, en tan solo unos minutos dejé de sentirme estresada y todo salió bien. Comencé a percibir el enseñar como crear un diálogo entre mis estudiantes y yo, con respeto mútuo y gratitud, lo que conllevó a la motivación y desarrollo eficaz de ambas partes.
Durante ese tiempo fui mejorando mis habilidades para enseñar y probé distintos métodos pedagógicos para transmitir mi conocimiento a otros, lo que implicó mucho más que sólo enseñar francés. Aprendí más acerca mí misma y trabajé sobre mi autoconfianza y autoestima. En menos de un mes y medio cubrimos mucho más de lo que esperaba en el programa. Inclusive pudimos trabajar temas de comprensión oral, escuchar grabaciones y diálogos en francés, todo tomando en cuenta que mis alumnos no sabían nada de este idioma desde antes.
Esto fue un gran logro y satisfacción para todos 

Honestamente tuve la suerte de tener una familia anfitriona grandiosa y vivir en buenas condiciones con mi propia recámara, privacidad y libertad. Esto realmente depende de la familia y el trainee, pero personalmente llevé una muy buena relación con ellos y me trataron como una de los suyos.
Es una experiencia muy especial el ser alojado por una familia, estar en su casa, un espacio sumamente íntimo, ser testigo de sus vidas cotidianas y compartir todo con ellos. La parte más interesante fue discutir y encarar nuestras diferencias culturales.
Las personas pueden aprender mucho entre sí y esto es increíblemente enriquecedor. Esta experiencia también fue voluntaria para ellos y por eso todos adquirieron nuevos conocimientos y buenos recuerdos. Cocinar comida mexicana, practicar español y todas esas pequeñas experiencias que pasamos juntos son momentos de valor incalculable de los cuales siempre estaré agradecida.
Lo más importante es que no importa a dónde vayamos, la gente, los países, sus sociedades y las maneras en que funcionan no son ni serán perfectas. Trabajar sobre estas imperfecciones e intentar hacer del mundo un lugar mejor es un bello proceso.
Así pues, el presenciar las condiciones complicadas en las que vive la gente, estar consciente de los retos que un gobierno corrupto enfrenta y todo este tipo de circunstancias motivan a los jóvenes y futuros líderes para cambiar la situación actual.
Y mientras lo hacemos conocemos almas bellas, llenas de esperanza y amor. Nunca olvidaré el cariño que recibí por parte de los mexicanos. Los miles de suculentos montados que comí.
Las risas con mis alumnos y los buenos momentos con mis amigos de AIESEC.
 

Los paisajes hipnotizantes que vi a través de las ventanas del auto. Simplemente vivo por momentos como éste.
Y ciertamente volveré

Brandon G.

Brandon G.

Webmaster at AIESEC
Apasionado por la música y la tecnología.
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