Viva México

HAY HISTORIAS QUE NACEN PARA SER CONTADAS, OTRAS PARA SER VIVIDAS INTENSAMENTE

By Gloria Fuertes from Bogotá, Colombia.

Salí de casa con la incertidumbre de no saber qué iba a pasar en un viaje a tierra extraña, pero bastaron un par de semanas para enamorarme de México. Allí comenzó y terminó mi pequeña historia: en el aeropuerto internacional Francisco Sarabia, donde mi corazón lloró de emoción porque un hermoso sueño me había sido concedido.

Hay momentos en la vida que no sabes para dónde ir, solo aquellos momentos son perfectos para realizar algo trascendental. Escuché que muchos chicos tenían experiencias increíbles, pero me preguntaba: ¿Será cierto? Me contacté con Villalobos, perteneciente a AIESEC Popayán, Colombia, lugar donde culminé mis estudios universitarios (¡sí!, la hermosa ciudad blanca) y comencé a soñar.

Soy ingeniera civil, buscaba explotar mis conocimientos, lo cual encuentro muy grato, más aún si con ello podía contribuir a una comunidad; para mí, un voluntariado era perfecto. La verdad fue difícil encontrar un proyecto en el campo de la construcción, pero después de un tiempo encontré una pequeña luz en Torreón, Coahuila, en México.

Era una combinación de miedo y adrenalina: seguí el procedimiento de entrevistas, donativo a AIESEC,  conseguí mis vuelos, un seguro y cuando menos pensé ya todo estaba listo.

Viajé 24 horas en bus desde mi ciudad natal Ipiales, Nariño hasta llegar a Medellín, Antioquia y por fin estaba volando. Me sentía libre de alcanzar mis metas, mi corazón latía a mil. Finalmente después de 7 horas en avión, un bello paisaje semidesértico me esperaba.

El frío me invadía, pero el caluroso saludo de quienes me fueron a encontrar en el aeropuerto Francisco Sarabia era aún más grande: Antunitos, Julio y Mary; los extraños de aquella cita a ciegas… hoy, son amigos para toda la vida. Fuimos por unas “gorditas” (que en Colombia sería como una arepa rellena con un montón de salsas picantes) y me di mi primer enchilada.

Recuerdo que muy amables me condujeron a mi nuevo hogar; la casa de la querida familia Jauregui; no cualquiera te abre las puertas de su casa y te tratan con tanto cariño como ellos. Ahí estaba infinitamente feliz. Llamé a mi casa Colombia para comunicarles que todo era genial.

Al siguiente día comenzaba mi voluntariado, trabajaría para una constructora lista para crecer profesionalmente. Las normas de construcción mexicanas cambian un poquito, pero luego de leerlas y sentirlas, todo lo que estaba en la norma comenzó a tomar sentido: conocí y viví en carne propia las “tolvaneras” (una especie de lluvia de arena) y aunque el clima era muy frío cuando llegué,  a los pocos días el calor aumentó por el clima semidesértico.

Se organizaron eventos tales como el Global Village en el estadio Corona, donde jugaba Santos Versus Monterrey; conocí personas de otros países: Brasil, el Salvador, Perú; algunos tomaban pasantías profesionales, mientras que otros participaban en proyectos sociales, ¡era increíble! Como si tuvieras un pequeño mundo en tu cabeza, porque la diferencia de cultura nos unía más: sus costumbres, su lenguaje, su cultura. En dicho evento la lista de familias para recibir un extranjero en su casa era enorme, ¡que gran corazón!

A parte de realizar el voluntariado y conocer gente increíble, también tuve la oportunidad de viajar y cumplir mi promesa: Ir a la imponente basílica de Guadalupe y escalar las pirámides del Sol y la Luna en Teotihuacán. Era como si te pudieras meter en un libro de la escuela y, desde allí, mirar  un montón de pirámides (se estima que hay 800 más), quedé atónita ante las maravillas de nuestros ancestros.

 

También tomé un recorrido en las coloridas canoas de Xochimilco, donde había una representación de la isla de las muñecas, una leyenda que por demás disfruté, pues me encanta lo esotérico. Además viajé a Coyoacán, donde pude respirar el intenso amor y desamor de los artistas Diego Rivera y Frida Kahlo, ¡qué emoción tan grande ver sus pinceles, sus cuadros!, y, en particular, una silla de ruedas al frente del caballete, que me hizo revivir lo que ella decía “¿para qué quiero pies, si tengo alas para volar?”.

Caminar por las calles de Ciudad de México (antes Distrito Federal), detenerse por un minuto y mirar como los balcones no estaban alineados, las diferentes densidades del suelo; entrar a la antigua basílica, que está un poco inclinada, ¡ah!, es sentir que tus conocimientos ya no son tan teóricos y al estar ahí, miraba hacia el cielo porque todo para mí era un sueño del que no quería despertar.

Para un amante del arte no hay nada más bello que deleitarse ante la catedral de Santa Prisca en Taxco, Guerrero, sus detalles en madera son impresionantes. En el centro histórico, en la parte frontal de una iglesia, debajo de una cruz, está una calavera dicen que seas rico o pobre, la muerte se lleva a cualquiera, la consideran como “justa” y se puede observar en llaveros, camisetas y carteras la famosa “Catrina”, creada por José Posada, una crítica a los pobres que se creen ricos.

Pasé por la UNAM, es enorme: con más de 300.000 alumnos, vista como la anhelada fuente del saber. Respecto a museos se encuentran: El Ferrocarril, Arocena, Museo Regional de La Laguna, La Casa del Cerro, de la revolución, el Museo Nacional de Antropología, con la enorme piedra solar, el Museo de Cera y el de Ripley, “aunque usted no lo crea”.

Después de esto, apenas puedo escribir entre letras que el viaje fue fascinante, que sí, fui con dudas y miedo, pero que regresé con mayor seguridad  sobre mí misma, que contribuí con mis conocimientos y que aprendí un montón, que gané otra familia, una hermana increíble llamada Mary Paz Jauregui, un amigo súper servicial, Julio Vera y claro, el que conté con el apoyo de Antunitos, con quien salí al aire en la radio; con el de Josera, con quien fui a una competencia de comida y de Palomino, mi roommate de Perú, con quien pasé tantas noches riendo a carcajadas.

Estoy eternamente agradecida con Daniela Tapia por abrirme las puertas de México con una sonrisa, para ser exacta, las puertas de un pueblo mágico llamado Torreón, porque las maravillas y los encantos se llevan en el corazón y ahí estará por siempre AIESEC en La Laguna. Lo último que hice antes de partir es ir al tercer Cristo más grande de Latinoamérica llamado el “Cristo de las Noas” y pensar: “Sé que fuiste tú, señor. Gracias por esta bendición, cada vez que mire un bello atardecer, los recordaré porque el cielo es tan lindo como los sueños y tan libre como volar hacia ellos”.

 


Há histórias que nascem para serem contadas, outras para serem vividas intensamente

Por Glória Fuertes, Bogotá, Colômbia

 

Saí de casa com a incerteza de não saber o que iria acontecer em uma viagem a um lugar estranho, mas bastaram algumas semanas para que eu me apaixonasse pelo México. Ali começou e terminou minha pequena história: no aeroporto internacional Francisco Sarabia, onde meu coração chorou de emoção porque um lindo sonho havia se tornado real.

Há momentos na vida que não se sabe para onde ir, mas esses são os momentos perfeitos para realizar algo transcendental. Escutei que muitas pessoas tiveram experiências incríveis, mas eu me perguntava: Será verdade mesmo? Entrei em contato com Villalobos, pertencente a AIESEC Popayán, Colombia, lugar onde terminei a faculdade (sim! A bela cidade branca!) e comecei a sonhar.

Sou engenheira civil, buscava explorar meus conhecimentos, dos quais sou muito grata por tê-los, mas mais ainda se eu puder contribuir para uma comunidade; para mim, um voluntariado seria perfeito. É verdade que foi difícil encontrar um projeto no campo de construção, mas depois de um tempo encontrei uma pequena luz em Torreón, Coahuila, no México.

Era uma mistura de medo e adrenalina: segui o procedimento de entrevistas oferecido pela AIESEC, consegui meus vôos e quando menos esperava, já estava tudo pronto.

“Viajei 24 horas de ônibus desde a minha cidade natal Ipiales, Nariño, até chegar a Medellín, Antioquia, e, por fim estava voando. Me senti livre para alcançar minhas metas, meu coração batia a mil. Finalmente depois de sete horas no avião, uma bela paisagem semidesértica me esperava.”

O frio me invadia, mas a calorosa recepção das pessoas que foram me encontrar no aeroporto Francisco Sarabia era ainda maior: Antunitos, Júlio e Mary; os estranhos daquele encontro às cegas… hoje são amigos para a vida toda. Fomos comer “gorditas” (que na Colômbia seria seria como uma arepa recheada com um monte de temperos picantes) e eu comi minha primeira enchilada (prato apimentado tradicional mexicano).

 

Lembro que, muito simpáticos, me levaram à minha nova moradia; a casa da querida família Jauregui. Nem todo mundo abre as portas de suas casas e te tratam com tanto carinho como eles me trataram; ali eu estava infinitamente feliz. Liguei para minha casa na Colômbia para avisar que tudo estava ótimo.

No dia seguinte começava o meu voluntariado; eu trabalharia para uma construtora, estava pronta para crescer profissionalmente. As normas de construção mexicana mudam um pouco, mas logo que tive contato com elas, tudo o que estava escrito começou a fazer sentido: conheci e pude vivenciar de perto las “tolvaneras” – os redemoinhos – (uma espécie de chuva de areia) e mesmo que a temperatura estivesse baixa quando cheguei, em poucos dias o calor aumentou por conta do clima semidesértico.

 

Organizaram eventos como o Global Village no estádio Corona, onde jogava Santos contra Monterrey. Conheci pessoas de outros países: Brasil, El Salvador, Peru; alguns estavam em estágios profissionais enquanto outros participavam de projetos sociais, era incrível! Como se tivesse um pequeno mundo dentro da sua cabeça, porque a diferença de cultura nos unia ainda mais: seus costumes, sua linguagem, sua cultura. Neste evento, a lista de famílias para receber um estrangeiro em suas casas era enorme! Que corações enormes!!

Além de realizar o voluntariado e conhecer pessoas maravilhosas, também tive a oportunidade de viajar e cumprir minha promessa: ir a imponente basílica de Guadalupe e escalar as pirâmides do Sol e da Lua, em Teotihuacan. Era como se eu pudesse entrar em um livro da escola e, dali, enxergar um monte de pirâmides (estima-se que há mais de 800), fiquei espantada diante das maravilhas dos nossos ancestrais.

Também fui ao passeio nas canoas coloridas de Xochimilco, onde havia uma representação da Ilha das Bonecas, uma lenda que me atraiu bastante, pois o esotérico me encanta. E fui a Coyoacán, onde pude respirar o intenso amor e desamor dos artistas Diego Rivera e Frida Kahlo. Uma emoção enorme ver seus pincéis, seus quadros e em particular, uma cadeira de rodas em frente ao cavalete, o que me fez reviver o que ela dizia: “Pés, para que os quero, se tenho asas para voar?”

 

Caminhar pelas ruas da Cidade do México (antes, Distrito Federal), parar por um minuto e perceber como as construções não são alinhadas, as diferentes densidades do solo, entrar na antiga basílica, que está um pouco inclinada… ah! é sentir que seus conhecimentos já não são tão teóricos e, ao estar ali, olhava para o céu porque tudo para mim era um sonho do qual eu não queria me despertar.

Para um amante da arte, não há nada mais belo do que estar diante da Catedral de Santa Prisca, em Taxco, Guerrero, os detalhes em madeira são impressionantes. No centro histórico, na parte da frente de uma igreja, debaixo de uma cruz, está uma caveira que quer dizer que, rico ou pobre, a morte leva qualquer um. A famosa “Catrina”, criada por José Posada é uma crítica aos pobres que acreditam serem ricos. A consideram como “justa” e está em chaveiros, camisetas e carteiras.

Passei pela UNAM, é enorme: com mais de 300 000 alunos, vista como a fonte desejada do conhecimento. Em relação aos museus, são: El Ferrocarril, Arocena, Museo Nacional de Antropología, com a enorme pedra solar, o Museo de Cera e o de Ripley, “ainda que não acreditem em mim”.

 

Depois disso, posso apenas deixar escrito que a viagem foi fascinante, que sim, fui com dúvidas e com medo, mas voltei mais segura quanto a mim mesma, com o sentimento de que contribui com meus conhecimentos e que aprendi demais, que ganhei outra família, uma irmã incrível chamada Mary Paz Jauregui, um amigo super útil, Julio Vera e, claro, contei com o apoio de Antunitos, com quem fui ao ar na rádio; com o de Josera, com quem fui a uma competição de comida, e de Palomino, meu colega de quarto do Peru, com quem passei tantas noites rindo.

Sou eternamente grata à Daniela Tapia, por me abrir as portas do México com um sorriso… para ser mais exata, as portas de um pueblo mágico chamado Torreón, porque as maravilhas e encantos se levam no coração e ali estará para sempre, AIESEC en La Laguna. A última coisa que fiz antes de ir embora foi visitar o terceiro maior Cristo da América Latina chamado “Cristo de las Noas” e pensar: “Sei que foi Você, senhor. Obrigada por esta bênção, cada vez que eu vir um belo entardecer, me lembrarei de vocês porque o céu é tão lindo como os sonhos e tão livre quanto voar até eles”.  

Brandon G.

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Webmaster at AIESEC
Apasionado por la música y la tecnología.
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